Tras el golpe en Naranjito, Peña mueve las fichas: ofensiva militar para recuperar el control de Canindeyú
El ataque armado contra la Comisaría de Naranjito no solo dejó tres muertos, sino que también expuso las grietas de la seguridad en una de las zonas más conflictivas del país. Con el impacto político aún fresco, el presidente Santiago Peña reunió de urgencia al Consejo de Defensa Nacional (Codena) y ordenó una reorganización total del despliegue de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional en Canindeyú, buscando demostrar una reacción contundente frente al avance del crimen organizado.
Desde el Ejecutivo aseguran que llegó el momento de endurecer la respuesta. Peña instruyó a las fuerzas de seguridad a redoblar las operaciones y prometió que no habrá tregua para los grupos criminales que operan en el norte. Sin embargo, el atentado volvió a instalar un incómodo debate: ¿cómo un grupo armado logró ejecutar un ataque de esta magnitud contra una sede policial sin que existieran alertas previas ni capacidad de contención inmediata?
La ofensiva anunciada por el Gobierno también tiene una fuerte lectura política. En medio de crecientes cuestionamientos por la seguridad y a meses de las elecciones municipales, el oficialismo necesita mostrar autoridad y resultados en uno de los frentes más sensibles de la gestión. El desafío ahora será que la demostración de fuerza no quede solo en anuncios y que las nuevas medidas logren traducirse en una recuperación efectiva del control del Estado sobre un territorio donde el crimen organizado sigue poniendo a prueba al poder político.
